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La plata que dura. Lo que tenés que saber antes de comprar.

La plata de ley 925 contiene 92,5% de plata pura. Es el estándar de la joyería fina. Te explicamos qué significa y por qué importa al comprar una joya.

La plata de ley 925 contiene un 92,5% de plata pura y un 7,5% de otros metales, casi siempre cobre. Es el estándar de calidad de la joyería fina en Europa y la única plata que se considera realmente duradera. El número 925 que ves grabado en una pieza es su certificado: significa que estás comprando plata de verdad, no un baño que se va a ir en unos meses.

Esa mezcla no es un defecto. Es lo que hace que la plata se pueda usar. La plata pura al 100% es demasiado blanda: se raya, se deforma, no aguanta el uso diario. Al sumarle un pequeño porcentaje de cobre, la pieza gana la resistencia que necesita para durar años sin perder su carácter.

Cómo saber si una plata es de ley

Hay tres formas de reconocerla, y ninguna requiere ser experta.

Primero, el sello. Toda pieza de plata de ley lleva grabado "925" en algún lugar discreto: el interior de un anillo, el cierre de un collar, la parte trasera de un aro. Si no tiene sello, desconfiá.

Segundo, el peso. La plata de ley tiene una densidad que se siente. Una pieza que pesa sospechosamente poco para su tamaño probablemente sea otro metal con un baño encima.

Tercero, la reacción con la piel. La plata de ley de calidad no debería dejar marcas verdes ni causar reacciones en pieles sensibles, porque no lleva níquel. Los metales baratos sí.

La diferencia con la plata bañada

Acá está el punto que más confusión genera. Una joya "bañada en plata" no es plata de ley: es otro metal, generalmente latón, con una capa finísima de plata encima. Esa capa se mide en micrones y se desgasta con el uso. En cuestión de meses, la pieza revela el metal de abajo.

La plata de ley 925 es plata en toda su estructura, no solo en la superficie. Podés pulirla, repararla, pasarla de generación en generación. Una pieza bañada, no.

Por qué en QDM elegimos plata de ley

Porque no diseñamos para una temporada. Diseñamos para que la pieza siga siendo tuya dentro de diez años.

Nuestra plata de ley 925 está certificada por AIDIMME, el instituto tecnológico metalmecánico. No es un sello que ponemos nosotras: es una verificación externa de que la plata es lo que decimos que es. Sin níquel. Apta para pieles sensibles. Real.

Una joya de plata de ley que se cuida bien no tiene fecha de vencimiento. Se oscurece un poco con el tiempo —eso se llama pátina y se limpia en minutos— pero no se gasta, no se pela, no revela otro metal debajo.


Comprar plata de ley es comprar permanencia. En un mundo donde casi todo está diseñado para reemplazarse, elegir algo que dura es casi un gesto de rebeldía.

Y esa, quizás, es la pieza que vale la pena llevar puesta.

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